La resurrección de Inés: inmortalidad
Foto-ensayos resurrección Inés Barcelona años 50 (35)

Es por ello que la fotografía inaugura la inmortalidad, aunque siempre pasajera, de los hombres y de las mujeres, de los niños y los ancianos, de los animales y los lugares, es el advenimiento de la inmortalidad, y si no que se lo pregunten a Inés, retratada en el umbral que separaba el salón de su casa de la terraza, eternizada sobre el papel en el momento de plenitud de su vida, siempre ahí, en un tiempo pasado, siempre ahí a lo lejos y tan cerca, hace casi sesenta años y ahora mismo, en este preciso segundo en que fijamos nuestras retinas en las suyas, tan vivas, tan muertas. Es cierto que es una fotografía parcial y que refleja solamente una de las caras de la existencia, la que representa la felicidad o al menos la apariencia de felicidad, es cierto que su valor como documento es imperfecto y algo falaz, que sus cualidades estéticas son nulas o mínimas, que la insistencia temática la hace insufrible, pero también es cierto que esta foto de Inés, igual que la colección de instantáneas de cualquier persona desde su nacimiento hasta su vejez y su muerte es, hoy por hoy, el único registro fúnebre posible, en un tiempo que incinera a sus muertos de un día para otro, tras veinticuatro horas de duelo contra reloj, y que esparce sus cenizas a los cuatro vientos como tratando de ocultar la simple realidad.

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Antonio

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