La resurrección de Inés: Barthes
Foto-ensayos resurrección Inés Barcelona años 50 (37)

 “La fotografía tiene algo que ver con la resurrección”, escribía Roland Barthes, y es cierto, esta pareja dichosa, Inés y su esposo, retratada en un mirador sobre fondo boscoso y en un día en apariencia gris, vestidos para la fiesta que exige la fotografía, están resucitando siempre, a cada segundo, un centésima en su vida que se repite eternamente, la sangre en sus cuerpos habría recorrido una distancia breve, el corazón debía haber latido o se aprestaba a ello, los pulmones estaban exhalando o inspirando o simplemente detenidos ante la magia del momento, ellos miraban a la cara del fotógrafo y ese gesto es el que iban a perpetuar para toda la eternidad, los pies sobre el suelo, la vista sobre el objetivo. Ellos dos, a sus cuarenta años, en plena efervescencia vital y de excursión una mañana de festivo, siempre de excursión, siempre en el mismo arranque de la excursión, lo mejor de todo, la expectativa de un día dichoso en el campo o la playa colgada para siempre del tiempo, no el goce, sino su expectativa, que resulta más sublime. Ellos dos de alguna manera resucitados, aquel segundo que se quedó prendido del papel y que sigue transcurriendo, como una anomalía de la historia, como una falla de la percepción, siempre ahí, advirtiendo, señalando, identificando a los difuntos, a los eternos resucitados, sin corrupción de la carne, sin olores pestilentes, sin huesos blancos ni polvo después de todo.

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Antonio

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