La resurrección de Inés: paraíso
Foto-ensayos resurrección Inés Barcelona años 50 (38)

Es como pasar la eternidad en el mejor de los paraísos, el paraíso de una fotografía en la que se barrunta un goce presente y fugaz a la vez que futuro y eterno. El paraíso de una ciudad occidental, junto al mediterráneo, y esas calles tan pulcras, y los viandantes del fondo también inmortalizados, y los edificios bien conservados, y los automóviles, tan genuinos y brillantes, estacionados junto a las aceras. Ni más ni menos, la resurrección, como si la vida pasada continuara sucediendo, como si la felicidad siguiera su curso inalterado, como si tanto Inés como su marido resucitaran cada vez que alguien mira estas fotografías, o, sin que haga falta que alguien más las mire, como si resucitara cada segundo del tiempo, aunque las tapas del álbum estuvieran cerradas, porque aquel segundo congelado es independiente de nuestra percepción. ¿Y por cuánto tiempo esa resurrección? ¿Otro siglo de regalo de vida, mientras aguanten las fotografías, mientras los productos químicos y el papel sobrevivan? ¿Dos siglos? ¿Cinco? ¿Cuatro milenios, como las momias de los faraones? Y es que ahora, gracias a la existencia de la red, la fotografía y el retorno de los muertos pueden prolongarse de verdad en el tiempo, hacia la ansiada inmortalidad de los archivos virtuales que se copian y se reproducen eternamente.

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Antonio

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