Anónima de automoción: Autoescuela Maragall
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Auto escuela Maragall.

Actividad: Auto escuela.

Domicilio: Paseo Maragall 158, 1º-3ª, Barcelona.

Teléfono: 933521609. El número es de otro abonado y me dice que hace años que la empresa no está en la zona.

Captura de imagen en Google Street view: no se ve nada en 1º-3ª, como algún cartel identificativo.

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Huella en Google: actualmente, hay una autoescuela con el mismo nombre en Plaça de les Corts, 2, local 5-7, Barcelona 08029, 934199566, 652472797, con más de 40 años de experiencia, con perfil propio en Facebook, y esta web y email:

http://autoescuelamaragall.com/

aemaragall@hotmail.com

Llamo y hablo con Elisabeth, de la nueva autoescuela, que solo conserva el nombre de la original. Me dice que los propietarios y sus herederos o murieron o son muy mayores. A pesar de todo, me da su correo para que le explique mejor el proyecto. Este es el correo que le mando y las respuestas que nos vamos intercambiando:

“Hola, Elisabeth:

Acabamos de hablar por teléfono.

Como te decía, soy escritor y estoy haciendo una investigación para un proyecto literario sobre publicidad mediante diapositivas en cine. Puedes ver parte de mi trabajo en:

www.palabraeimagen.com

Hace unos días compré una diapositiva publicitaria de la Autoescuela Maragall, de cuando estaba en el Paseo Maragall, 158, 1º-3ª. Te mando un archivo con la imagen.

Mi objetivo sería contar muy resumidamente la historia de la empresa y su evolución hasta la actualidad.

Muchas gracias por tu colaboración.”

 

“Buenas tardes, Antonio:
Siento no poder ayudarte, han pasado tantos años que yo ni había nacido y ahora tengo tropecientos… ¿¿Eh?? Pues la Autoescuela Maragall, que efectivamente se fundó con ese nombre por donde estaba ubicada en esos momentos, no llegué ni a conocerla.
He estado buscando en el baúl de los recuerdos porque recordaba un proyector con diapositivas, pero con la crisis tuvimos que cerrar dos de las sucursales y seguro que se tiró. Tengo unas pegatinas antiguas si te sirviera de algo, también piezas de motores con los que se impartían clases de mecánica y que aprovechando la moda vintage las tenemos expuestas. Y fotos de los primeros coches del año 1957, por si te puedo ayudar.
La trayectoria la conozco bien, pues yo he vivido gran parte de ella, la verdad, entré a trabajar con 17 años y tengo 55 en la actualidad, o sea, la mayor parte de mi vida. Puedo resumirte que cuando empecé este sector estaba totalmente en auge, las Autoescuelas eran escasas, por lo que hicimos de la nuestra la del barrio, a donde iban viniendo por inercia, no se cabía en las clases, había un ambiente muy familiar, los alumnos se relacionaban entre sí, se lograban hacer grupos de amigos con los que, aparte de las clases, se compartían salidas de ocio al acabar las teóricas por la noche, se salía incluso con el Profesor… Recuerdo al bar de las guitarras en la zona de Gracia (donde hace tiempo vi que habían puesto una peluquería)… Qué tiempos, hasta parejitas de novios se fraguaban entre test y test (para muestra un botón, ¡jajaja!).
Cuando un alumno aprobaba era una fiesta para todos, se traían pastas, champagne, se paralizaba la clase, se celebraba, se comentaban las preguntas del examen para los que aún no habían ido, y te aseguro que era un logro común.
Y pasó el tiempo… Y un poco más… Algunos los profesores se fueron jubilando, entraron otros, empezaron las nuevas tecnologías y con ellas la individualidad hasta el punto de comprobar con tristeza que un alumno que ha aprobado a la primera, que debería estar contento/a (ya no digo ni agradecido) puede venir a la oficina después de darle la noticia de haber aprobado el examen y  ni saludar al profesor de Teórica, del mismo modo que después de haber compartido tantas horas dentro de un coche con el de prácticas pueden verlo por la calle y como si no te hubiera visto (hay excepciones, por suerte). Se han cambiado los test de papel por los ordenadores, y puedes entrar a la clase y observar que en vez de estar en el ordenador están pendientes de su móvil, o sea, ¿¿¿2 en 1…???

Como sector hemos sufrido varias crisis, pero esta última, como he comentado anteriormente, nos obligó a cerrar dos de las sucursales que teníamos desde hacía más de cuarenta años, y nos hemos quedado con la que has contactado, pues en esta época, ¿¿menos es más?? Pues no sé exactamente si esta sería la definición, si te digo que cuesta subsistir con tanta competencia, con precios desleales, y sobre todo con la idea errónea de que el carnet es un puro trámite sin darle la importancia que tiene para la seguridad vial de todos y cada uno de nosotros, pero bueno, no nos queda más remedio que aguantar lo que podamos, vamos cantando la canción RESISTIRÉ… Intentando no volvernos “afónicos”.

¡Uffff! Disculpa el monólogo, tanto vivido, tanto en el tintero que me fue salpicando la tinta de los recuerdos (tantos y más).

No puedo darte ningún dato es de la empresa de publicidad, ni de los cines donde se proyectaron, si en esa época hubiera existido internet, algún registro habría quedado on line (no todo es tan malo).

… upssss, y bueno, muy resumidamente veo que no ha sido, escoge lo que quieras si te sirve algo.

¡¡FELICIDADES por tu trabajo PALABRA E IMAGEN, que he estado ojeando!! ¡¡Muy bueno!!

Saludos cordiales, y suerte con el proyecto.

Ely.”

 

“¡Hola, Ely!

Recibo tu correo lleno de agradecimiento, no solo por lo que me cuentas, si no por cómo lo cuentas. No siempre obtengo respuestas positivas para estos proyectos que yo llamo literatura de acción. Por eso, frases como las tuyas alientan a seguir y reconfortan.

Cuánta nostalgia en tus palabras… ¿Será cierto que los tiempos del pasado nos parecen siempre mejores? Echamos la vista atrás y nos vienen a la memoria los buenos momentos vividos, invariablemente, como si el mismo ejercicio de recordar lo exigiera. Yo tengo 54, uno menos que tú, y si nos concentramos en los finales de los 70 y primeros 80, cuando este país salía de la dictadura y comenzaba a desarrollarse económica y socialmente, es verdad que casi todo lo que viene a la cabeza es positivo: la nueva libertad, la primera juventud, la pasión por las cosas y las personas, las oportunidades de empleo, el proyecto de vida que empezaba…

¿Será cierto que los jóvenes de ahora lo viven de otra manera? En parte sí, ese ensimismamiento que provocan las nuevas tecnologías, ese aislamiento que generalizan… Nos falta capacidad de contemplación, como dice el filósofo francés Boris Groys:

“En la sociedad contemporánea nadie es capaz de contemplación. Hoy día, todo el mundo es artista, todo el mundo quiere decir algo, escribir algo, colgar algo en internet. Todo el mundo está interesado en hacer cosas, pero nadie tiene tiempo ni interés por mirarlas.”

 

Vivimos para nosotros mismos y los contactos con los demás se producen a través de pantallas. El otro día, mi hija mayor, de 21, que está haciendo un Erasmus en Copenhaguen, me pidió un favor para poder ver un programa de televisión de aquí en el que salía una amiga suya. Pues bien, nos conectamos por Skype, puse una silla frente al televisor, puse el ordenador justo enfrente y ella pudo ver ese programa. La impresión que daba ver el portátil sobre la silla, frente a la tele, con ella en la pantalla, hablando como si estuviera en el salón, me puso los pelos de punta: mi hija, a 3000 km de distancia, estaba allí mismo, como un moderno cyborg.

Por eso estos contactos con seres de carne y hueso, como en tu caso, que forman estas acciones literarias, me interesan tanto. No me apetece inventarme personajes y tramas cuando el mundo está repleto de personas interesantes con vivencias que contar. Quizá sea también un rastro de esa nostalgia que nos invade cuando pasamos de la cincuentena…

Para terminar, Ely, decirte que me encantaría tener copia de esas pegatinas y fotografías de las que me hablas, que enriquecerían este relato. También me gustaría hacer una foto de la fachada de vuestra autoescuela, para incorporarla. Así que un día me pasaría gustoso por allí para cumplir esos objetivos y saludarte. Si te parece, ya me dirás qué tarde (por las mañanas no puedo) puedo acudir, recoger esas fotos y charlar un ratito contigo.”

 

“¡¡Hola de nuevo, Antonio!!

Un placer poderte recibir una tarde, a poder ser a primera hora, a partir de las 16 h, ya que a partir de las 18/19 h empiezan a venir los alumnos a teórica. Además, hay una terracita de bar justo al lado, y a primera hora siempre es más cálido compartir un té entre palabra e imagen…

Me ha encantado leerte y lo que transmites. Tengo mucho que añadir por mi parte también, pero para no alargarme por este medio, que no deja de ser un teclado con pantalla, me reservo una “trama” de carne y hueso para compartir en relación directa con Autoescuela Maragall, que si más no, te va a parecer de novela, siendo totalmente real y mágica.

…Ahí te dejo el misterio con tintes de suspense, jajaja…

En cuanto a lo que solicitas, te podré dar una pegatina original, haré una fotocopia de la foto de los primeros coches, y por supuesto puedes hacer foto de la fachada para incorporarla (también mejor por eso a primera hora de la tarde que aún hay luz).

Por favor, me confirmas el día para organizarme yo también mis tareas.”

 

 “Pues si te parece bien puedo pasarme el próximo lunes 21 de noviembre a las 16 horas, ya me dirás si te conviene.

Y si es posible preferiría una escaneado de las fotos antes que una fotocopia, por aquello de la calidad y de cara al blog. Si no tenéis escáner, me puedo llevar uno y el portátil y hacerlo allí… Esperando que me confirmes si te viene bien este lunes y escuchar entonces esa historia que me adelantas, me despido por el momento.”

 

“Estupendo por mí, Antonio. Confirmado: lunes día 21 a las 16 h.
En cuanto a lo del escáner, pues mejor si traes, no tenemos y sí es cierto que la calidad de cara al blog siempre es mejor.

Voy poniendo hilo a la aguja, retrocediendo una vez más a través del túnel del tiempo para poder compartir mi historia en primera persona, a parte de los detalles que puedas precisar para ampliar tu proyecto.”

 

“Así quedamos.

Por cierto, ¿tendrías inconveniente en que me llevara las fotos para escanearlas en casa y luego devolvértelas? Pensando en ello he caído en la cuenta del peso de acarrear ambas cosas, ordenador y escáner…”

 

“Ok, sin problema, Antonio. Hay una que no creo que te puedas llevar ni debajo del brazo, cuando te la enseñe lo entenderás, pero en este caso le puedes hacer una foto si quieres y la consideras interesante.”

La tarde del día 21 de noviembre de 2016 me acerco hasta la Plaça de Les Corts, s/n, local 5-7, donde está ubicada la última sucursal de la Autoescuela Maragall. Compruebo que conserva los mismos logotipo y tipografía que aparecían en la diapositiva de los años setenta del siglo XX.

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Me recibe Ely y pasamos al aula para tomarnos un té y charlar un rato de la autoescuela y su evolución como negocio. La historia de la Autoescuela Maragall empieza en 1957, cuando su fundador, Antonio Cuscó Saumell, compró los primeros coches, en concreto un Citroen B-14, B 31374, y otro con matrícula de Zaragoza, Z 2627, coches que arrancaban mediante el viejo mecanismo de la manivela. Fue uno de los pioneros de este negocio en Barcelona (solo superado por la Autoescuela Universal, que abrió en 1955) y se instaló en el primer piso, puerta 3ª, del Paseo Maragall, 158.

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La expansión del negocio, en unos años de crecimiento continuo, le llevó a abrir nuevas sedes en otros barrios de Barcelona, como en la Carretera de Sants, 151, en Riera Blanca, 19, Cardenal Reig, Travessera de Les Corts, 190… Ely entró a trabajar en la sucursal de Riera Blanca, y me dice que la de Paseo Maragall no la llegó a conocer, ya estaba cerrada cuando ella se incorporó a la empresa. La época de máximo esplendor se produjo hacia 1970, cuando tenía en plantilla entre diez y doce conductores y una pequeña flota de SEAT 127.

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El sector ha sufrido reiteradas crisis, que provocaron, primero, que la autoescuela se constituyera en cooperativa en 1980, y después, en la Sociedad Limitada que es ahora en 2011. La sede de la plaza de Les Corts lleva abierta once años. Además de Ely, trabajan aquí su socio, Juan Vallejo, y un profesor, disponiendo en la actualidad de dos automóviles y considerando que su mayor publicidad sigue siendo el boca a boca y la satisfacción por el trato familiar que se ofrece a los alumnos.

Como ya me había adelantado por correo, Ely me dice que el ambiente en aquellas autoescuelas era bien diferente al actual. No era extraño que después de un examen, por ejemplo, salieran los alumnos y los empleados a tomar algo para celebrar la obtención de un permiso de conducir o por cualquier otra razón. Me cuenta que comenzó a salir con uno de los alumnos, Pascual, cuando acudió a la autoescuela para sacarse el carnet de moto. Pero había otro alumno, Ramón, dos años mayor que Pascual, que también la cortejaba. Así que una Semana Santa se los llevó a los dos a Alcorisa, Teruel, el pueblo aragonés de sus abuelos, entre ruido de tambores y la duda de cuál de aquellos muchachos le convenía más. Ely siguió los consejos de su abuela y se decidió por Ramón, a quien ella veía como pretendiente más maduro y serio por su edad. “¡Ya se afeita y todo!”, aludía como razón de peso la abuelita Dolores. Entonces, Pascual, reconociendo su derrota, se apartó de Ely pidiéndole a Ramón una sola cosa: que la hiciera feliz sobre todas las cosas, algo que Ely recordó toda su vida como un gesto de increíble bondad por su parte.

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Y pasaron los años… Ely y Ramón se casaron y tuvieron dos hijos… Un buen día, en 2010, Pascual, que había cerrado su negocio debido a la crisis y se había empleado de nuevo en un lugar muy cercano a la calle Riera Blanca, se pasó por la sucursal de Autoescuela Maragall en la que hacía más de treinta años que obtuvo el carnet pensando si aún estaría aquella Ely y si se acordaría de él, si le reconocería… La encontró, la reconoció, la saludó y renació entre ellos aquel amor de juventud. Ella estaba separada y él decidió apostar de nuevo (ya con la barba poblada y maquinilla de afeitar en mano) y así empezaron a escribir juntos otra página de su historia…

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Ely Azuara me cuenta que su familia paterna, como ya he comentado, es de un pueblo de la provincia de Teruel, Alcorisa. Y así, hablando un poco de todo al final de nuestra charla, le cuento que tengo un amigo íntimo, Pascual Bono (otro Pascual), cuyos abuelos y padres también son de Alcorisa. Cuál es mi sorpresa cuando Ely me asegura que lo conoce, sorpresa que se acrecienta al día siguiente cuando llamo a Pascual y me confirma que sí, que se acuerda de ella de cuando eran chicos y veraneaban en el pueblo los tres meses de rigor. Un objeto comprado por azar en los Encantes provoca este bucle maravilloso, un recorrido de ida y vuelta, un cierre de círculo que es un final tan imprevisible como metafórico.

 

“¡Hola, Ely!

Te envío el borrador de la foto-acción titulada “Autoescuela Maragall”, precedido de una breve introducción. Si te parece bien, cuando termines de repasarlo quedamos un día, te devuelvo la foto que me dejaste y comentamos los posibles cambios (tema nombres, por ejemplo) …”.

 

“Hola Antonio, ¿¿qué tal??

¡¡¡Caramba!!! Buen trabajo entre palabra e imagen, muy documentado, con detalles y “detalles”, jajaja.

Bueno, por mi parte, en cuanto al relato, me he permitido modificar/añadir/obviar algunas cositas sin demasiada relevancia (si te parece bien), te adjunto el borrador, he intentado ponerlo en rojo para que puedas ir directo al grano a la hora de repasar.

Por otro lado, ya concretaremos día y hora para formalizarlo y poder firmarte la autorización, y que mis herederos cobren los derechos de “prota”, jajaja.

Qué gracia lo de Pascual Bono, he intentado buscarlo en el Facebook, para recordarlo, pero claro, primero no sé si es él, y después si lo es, solo con una foto y después de tanto tiempo es difícil reconocerlo. Pero fíjate que seguro que compartimos alguna que otra travesura estival.

“Ely:

He corregido el texto siguiendo tus indicaciones, que desde luego lo enriquecen. Así que te lo vuelvo a enviar…

Efectivamente, se trata de Pascual Bono Nuez. Él me comentó algo parecido a lo que tú dices, que seguramente te conoció y compartió juegos estivales en el pueblo, aunque también le queda un rastro de duda por el paso de los años y los vacíos que van formándose en la memoria…

Pero, dejémoslo así, sin que sea una certeza, como casi nada en la vida.”

 

“La única certeza que tengo es que toda vida es poca para crecer lo suficiente… Y bueno, si empiezo a filosofar no acabo, también me encanta escribir, y ya sabrás que cuando te dejas ir parece que la pluma escriba sola…

Un placer si hemos podido colaborar y ayudarte en algo para perfilar tu proyecto y aquí estamos para servirnos, que como decía Teresa de Calcuta: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”  (parte del crecimiento que enunciaba).”

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Antonio

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