El campo de trabajo n. º 3: el Jefe
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Manuel Astorga Vayo, así se llamaba el jefe del campo de Els Omells de na Gaia. Era un comunista que se decía había creado las Juventudes Revolucionarias madrileñas. Cómo llegó a parar a Els Omells, nadie lo sabía, pero lo cierto es que desde el mismo día de nuestro ingreso allí estaba él, un hombre bajo y gordo, vestido con su mono gris, siempre rodeado de su corte de guardaespaldas armados con metralletas, con su sempiterna pistola al cinto y el bastón de mando en el que se apoyaba y con el que más de una vez golpeó salvajemente a algún interno. Él era el encargado de dictar las normas, de establecer los horarios que debían regir nuestras vidas, de indicar los trabajos de fortificación que debían acometerse, de ordenar sobre la vida y la muerte como si fuera un dios menor e implacable. Recuerdo que una vez, al enterarse de mi cualificación profesional, se acercó al punto de la formación en que yo estaba y, haciendo alarde de un gran cinismo, vino a explicarme que el puesto de ingeniero ya estaba cubierto por un teniente coronel, y que por lo tanto debería empuñar la pala y el pico como todos los demás y conformarme con cavar las trincheras en lugar de planificarlas y trazarlas. Pocas veces más lo vi. Sin embargo, nuestro contacto diario con la crueldad de los guardas, al fin y al cabo, a sus órdenes, nos dejaba entrever la naturaleza de su colérico carácter.

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Antonio

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