El viaje falso: noche
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Y esa sería nuestra primera noche fuera de casa, que casi era cierto punto por punto, pues la pasamos juntas en el apartamento de Flora, dispuestas a amarnos y a entregarnos la una a la otra. Hasta entonces solo habíamos sido capaces de mirarnos tiernamente, de darnos la mano bajo una mesa, o algún beso furtivo y muy breve, siempre que no hubiera testigos, claro. Aunque he de reconocer que estuvimos un poco torpes, quizá por el miedo de hacer ruido, o por los nervios acumulados, tantas expectativas y luego, a la hora de la verdad, las cosas no salieron como una se imaginaba. Las dos queríamos, pero no supimos muy bien cómo. La vida es así, una se imagina que todo va a salir perfecto y se lleva esos chascos. Luego, con el paso de los días, ese mal comienzo nos dio mucha risa. En realidad, fueron unas jornadas inolvidables, pues una vez nos acostumbramos la una a la otra las cosas comenzaron a fluir sin problemas en ese apartamento que luego compartiríamos tantos años. La primera vez que lo hicimos a plena satisfacción de las dos fue algo muy especial. Los temores acumulados se evaporaron, como si nunca hubieran existido. Y eso que llevábamos años y años muertas de miedo, sin saber qué ocurriría. Por mi parte, desde bien niña, cuando ya me atraían mis compañeras en vez de los muchachos. Oía a mis amigas hablar de los muchachos y tenía que seguirles la corriente. Siempre fue así en mi vida. Y también salí con un novio que apenas me duró tres meses. En casa, se pusieron tan contentos con el novio. Pero aquel muchacho se cansó pronto de mí, yo creo que se dio cuenta.

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Antonio

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