El viaje falso: Cannes
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De Cannes dijimos que lo habíamos visitado todo, un poco deprisa, pero todo, sus fabulosos hoteles, las calles y avenidas, el paseo marítimo que era una maravilla, tan lujoso y lleno de gente muy interesante, gente que vestía muy bien y que nos miraba un poco por encima del hombro. Y eso que nosotras íbamos de lo más elegante que permitían nuestros vestuarios, como deberíamos remarcar. Convinimos en que la ciudad tendría hermosas playas, grandes, inmensas, pero sin arena, con cantos rodados que herían los pies y hacían el baño muy desagradable. Esos eran los detalles que le gustaban a Flora, cosas pequeñas que dieran verosimilitud al relato, afirmaciones como que las playas de España eran las mejores de toda Europa, que a todos parecerían bien, a pesar de que no tuvieran retretes como las francesas y eso, se quisiera reconocer o no, era una ventaja. Diríamos también que Cannes tenía muchísimos hoteles de gran confort y donde iban todos los millonarios del continente, pero que estaba algo desierta todavía porque era pronto para los baños, a primeros de julio, que se solía llenar más adelante.

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Antonio

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