El viaje falso: restaurantes
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Y los restaurantes también, deberíamos detallar los platos típicos que en teoría habríamos probado, y de esto hablábamos, como siempre en susurros, mientras nos preparábamos las comidas y las cenas en la cocina en penumbra de Flora. Ella había comprado suficientes alimentos para unos diez días, que era el tiempo que nos habíamos concedido para nuestro falso viaje, fruta y verdura, algo de carne y de pescado con los que había preparado algunos guisos y que tenía perfectamente empaquetados en el frigorífico, para evitar los ruidos y los olores. Por eso nos bastaba cortar algo de lechuga y tomate para prepararnos ensaladas, emplatar las raciones de carne guisada, de marmitaco, la fruta fresca, alguna botella de vino que allí nos bebimos y que tan bien nos sentaba a pesar de que teníamos que reprimir nuestras carcajadas. Flora seguía inventando, tomábamos notas que luego nos estudiaríamos para no decir cosas diferentes, era tan agradable viajar así, sin problemas, tan cómodamente.

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Antonio

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