La hipótesis Gaia
Gaia

Que la Tierra es un todo, un sistema autoorganizado y vivo, es la teoría que alumbraron James Lovelok y Lynn Margulis hace ya unos cuantos años. Partiendo de la constatación de que la temperatura en la superficie de la Tierra se ha mantenido constante, a un nivel confortable para la vida, durante los últimos cuatro mil millones de años, independientemente de los cambios naturales y cíclicos, llegaron a la conclusión que debía existir algún mecanismo regulador de la misma, que definieron como una compleja red de bucles de retroalimentación que implicaba tanto a los sistemas vivos, desde las bacterias a los mamíferos, como a los no vivos, como las rocas, los océanos y la atmósfera. Así, la Tierra sería capaz de autorregularse las condiciones aptas para su propia existencia. Y observando lo que sucede en un valle como Pineta, desde los cristales hexagonales de hielo al vuelo de las rapaces, desde las intricadas relaciones entre las comunidades de hormigas hasta la presencia humana, desde la retracción de los glaciares hasta los vendavales que derriban árboles, parece que esa teoría se confirma continuamente. Todo está relacionado, el cadáver que se descompone con la vida que se genera, los fenómenos meteorológicos y la configuración de la orografía, el estiércol de las vacas con la ebriedad. Y es aquí donde se pueden recoger las pruebas para concluir que Gaia no está amenazada por los humanos, al contrario, que fue capaz de generar la vida mucho antes de nuestra aparición y que seguirá haciéndolo cuando nos hayamos extinguido.

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Antonio

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