El viaje falso: Italia
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Decidimos entonces salir de Francia y entrar en Italia por Ventimiglia. Allí tomábamos la carretera que llamaban de las flores porque a cada cien metros había puestos que las ofrecían a los coches y que daban una nota de color tan agradable. Más tarde comíamos en San Remo esa fabulosa comida italiana, risotos, pasta, lambrusco y demás. En este punto Flora tuvo otra de sus geniales ocurrencias, que luego resultó la más verosímil de todas, tanto que nuestras familias siempre hablaban de ese suceso como el más memorable de nuestro viaje y el que mejor habíamos sabido capear. Tendríamos una avería en nuestro coche. Allí, en medio de una autoestrada italiana llena de tráfico, el coche comenzaría a hacer ruidos raros y solo dando tumbos conseguiríamos llegar hasta Piacenza, que era la ciudad que Flora había escogido recorriendo el atlas con su dedo índice. Diríamos que había sido una odisea de lo más desagradable. Parecía todo el rato que el coche no andaría más, pero milagrosamente aguantó hasta Piacenza, donde lo llevamos a un mecánico.

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Antonio

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