El viaje falso: Piacenza
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Le pusimos cara y carácter al mecánico de Piacenza, quien resultó ser un hombre simpático y bien dispuesto que nos aseguró que nos tendría el coche preparado en un momento. Sin embargo, después de examinarlo había resultado que la avería era grave y no podíamos continuar con él nuestro viaje. Ya veíamos las caras de preocupación de nuestras familias, angustiadas ante la estampa de dos mujeres solas, en Italia, sin coche. Pero todo se solucionaba pues el mecánico nos alquilaba otro coche para poder seguir nuestra ruta mientras se arreglaba el nuestro, que podríamos recoger como nuevo a la vuelta. Y como Flora sabía también de coches, convinimos en que se trataría de un FIAT 1100, más amplio y confortable que el SEAT de Flora, y que el precio sería de veinticinco liras el kilómetro, algo caro para los precios españoles, pero ya se sabía, en Europa las cosas salían siempre más caras que en España. Así que allá íbamos nosotras, en el FIAT alquilado, a toda velocidad por las autoestradas italianas, con tantos carriles que los conductores se volvían como locos y corrían una barbaridad.

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Antonio

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