El viaje falso: Flora
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No, no sería extraño que de haber viajado de verdad hasta allí hubiera pasado algo por el estilo. Flora, en esas fechas, cuando tenía veintisiete años y estaba en todo su esplendor, era una mujer hermosísima, a mí me lo parecía, desde luego, con esa figura despampanante que lucía siempre, y esa manera de moverse que me volvía loca, ya desde el principio, encerradas en su apartamento y amándonos día tras día… Y los días iban pasando en aquel verano tan caluroso del 56, nosotras siempre sudando y medio desnudas porque no queríamos abrir las ventanas por si se golpeaban y alguien nos descubría allí encerradas. Una vez llamaron a la puerta y nos quedamos paralizadas del susto, pero no insistieron y debieron marcharse. También sonó el teléfono tres o cuatro veces, y desde luego nunca lo descolgamos. Qué rápidos pasaban los días, a pesar de que no teníamos casi nada que hacer, salvo amarnos, leer y preparar nuestro viaje, nuestra coartada, que a nadie extrañó lo más mínimo. Y no se crean que preguntaron demasiado, pues adelantándonos nosotras con nuestras invenciones les dejábamos satisfechos y con pocas ganas de interrogar.

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Antonio

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