El viaje falso: Milán
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¿Y desde Venecia, adónde habíamos ido?, nos preguntaban. Pues a Milán, última de las ciudades del itinerario, adonde llegamos a media tarde del 12 de julio de 1956. ¿Y qué nos había parecido Milán? Milán era una gran ciudad donde se vestía bien, se calzaba mejor y había mujeres muy elegantes y hermosos escaparates. Y es que en el extranjero casi todas las mujeres se vestían de ropa ya confeccionada, así había trajes desde ciento setenta hasta tres mil pesetas. Y todo a lo grande, aunque sus precios eran inasequibles para nosotras, porque estaban por las nubes. Flora se imaginaba que nos sentábamos en un café de una plaza cualquiera a ver pasar a las chiquillas con sus tacones de diez centímetros finísimos y contoneándose de lo lindo, y eran tan hermosas, decía, esas jovencitas italianas, y nos quedábamos mirándolas como embobadas, siempre libremente, no como en Valencia que había que disimular y ponerse gafas de sol. Pero claro, ese era un recuerdo falso solo para nosotras y que a nadie podríamos confiar.

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Antonio

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