La tala: corresponsales
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Las cartas se cruzaron entre varios corresponsales: el destinatario de las mismas, José Cornet Oliveras, dueño de parte de los bosques; el que fue su representante en este negocio, Guillermo Puig Gurina, y que a su vez gestionaba otra finca de Cornet cerca de Berga llamada Campllong; Carlos Carandini dalla Rosa, abogado madrileño y esposo de otra de las propietarias de las fincas afectadas; y Juan Franquesa, dueño de una serrería en Ripoll, que fue quien a la postre compró los árboles y llevó a cabo la tala. Por la partición de la llamada “herencia Domingo”, los bosques de la finca La Coromina se habían gestionado mal al hacerse las talas de manera separada. Los intentos de organizar una tala común, que fuera más rentable para los propietarios al ser ofrecida a un solo tratante de madera, fueron el objeto de la correspondencia. Parece que fructificaron al hacerse cargo del negocio el dueño de una serrería de Ripoll, Juan Franquesa, que ofreció cuatrocientas treinta y cuatro mil pesetas por la tala de los árboles, una suma importante.

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Antonio

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