La tala: cláusulas
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Por el contenido de algunas de las cartas, me entero de las cláusulas de este tipo de contratos para la tala de bosques en esos años. Así, los compradores firmaban el contrato con los propietarios y con este documento pedían los permisos forestales. Para ello, hacían el marcado previo de los árboles a talar. Una vez marcados, el delegado del distrito, en este caso perteneciente a Vic, hacía un informe que enviaba a la administración forestal, que concedía, limitaba o denegaba dicho permiso. A la obtención del permiso, el comprador procedía el pago del precio pactado. Además, no se podían cortar los mejores árboles de los bosques porque la administración exigía que sobreviviera determinado número de ejemplares frondosos por superficie, no solo para proteger el desamparo de los otros sino para mantener la cubierta de humus. Por otro lado, en los contratos solía incluirse una cláusula que prohibía expresamente el destino del ramaje para la obtención de carbón, cosa con la que no estaba de acuerdo Franquesa, pues no era lo mismo llevarse las toneladas de ramaje sin valor que proceder sobre el terreno al carboneo, que daba un producto con mayor valor añadido y menor volumen. Además, según Franquesa, al estar siempre presentes los carboneros en el bosque para controlar la combustión, no había peligro alguno para el resto del arbolado, quedando las fincas limpias de los desperdicios de la tala. Luego estaba el problema ocasionado por la caída de los árboles seleccionados para la tala, que podrían causar destrozos en otros de los alrededores. La solución era pactar un precio por esos árboles caídos.

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Antonio

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