La memoria colectiva: familias
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Desde aquella primera compra seguí volviendo a los Encantes en busca de otros álbumes de otras tantas familias desconocidas. Y compré decenas, al principio sin ningún criterio, solo porque estaban allí, abandonados. Me sentía como un rescatador de la memoria ajena, aunque no supiera muy bien qué significaba eso. Luego, conforme se acumulaban en las estanterías de mi salón, los compraba buscando ciertas características que los distinguieran, la calidad de las emulsiones, la pericia del fotógrafo aficionado, la temática diferenciadora que mostraban, lo que me llevaba a rechazar los que carecían de interés. Allí colocados, en los estantes del salón, más que un archivo, formaban un cementerio de anhelos humanos, de vidas minúsculas y extinguidas. ¿No eran, esas fotos perdidas, espectros que exigían un acto de restitución?

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Antonio

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