La memoria colectiva: huella
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  1. El estatus de la fotografía como huella indiciaria de lo retratado, como documento acreditativo de la presencia de un ser humano en el mundo.

  2. La fotografía como emanación del referente, pues algo del ser queda atrapado, por efecto de leyes físicas, en una emulsión química, lo que confiere fantasmagoría a los retratos de los humanos, que algo de su ser físico dejan en el documento, como las huellas digitales o las máscaras mortuorias.

  3. El álbum de familia se convertiría, así, en un fetiche, un objeto de veneración que debe mimarse, observarse en un ceremonial religioso, y que vendría a suplir, en una sociedad laica, a las antiguas visitas a los cementerios y las ceremonias que se organizaban en memoria de los muertos. Los álbumes serían una suerte de monumentos funerarios más trascendentes que las sepulturas en los cementerios.

  4. Al mostrar los rostros de los desaparecidos, la contemplación de la fotografía se convierte en un ejercicio de melancolía. Impregnadas de la tragedia de la muerte y la desaparición, las fotografías familiares se constituyen en el único medio de prolongar la presencia en el mundo de los vivos de aquellos que murieron.

  5. La insistencia temática de los fotógrafos aficionados con la práctica de la instantánea de la felicidad muestra a la humanidad en una de sus funciones primordiales: el ejercicio de una memoria selectiva que trata de ocultar el dolor y reforzar los ligámenes positivos de la especie.

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Antonio

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