La memoria colectiva: Reconstrucciones
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De esta manera llegué a saturarme de los álbumes familiares, de su narratividad circunstancial, de su significado antropológico, y busqué, también entre los objetos desparramados en los Encantes, otros que me permitieran dar una nueva orientación a mi trabajo. Ya me había fijado que, a veces, junto a esos álbumes de fotografías, había carpetas con documentos personales, esos que todos guardamos en un ejercicio algo absurdo de construcción de un archivo personal: nóminas, contratos de alquiler, escrituras públicas, recibos del agua, testamentos, cartas, también radiografías de un realismo visceral. ¿Por qué no comprarlas? Al tener nombres y apellidos, ¿no sería el material adecuado para construir un discurso basado en lo real, como los álbumes me habían servido para escribir pura ficción? Compré diez carpetas con papeles ajenos, las pruebas documentales, con nombres y apellidos, del paso por el mundo de diez difuntos recientes. El procedimiento que seguí, entonces, fue siempre el mismo: ordenación cronológica y estudio de la documentación; redacción de un esquema de la vida de sus propietarios; intento detectivesco de localizar a los herederos para involucrarlos en mi proyecto; colaboración o negativa a colaborar en el trabajo; redacción de un texto final sobre la vida de los desaparecidos. Por eso titulé el trabajo Reconstrucciones.

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Antonio

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