La envidia: casa
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Y luego mi maison. Cómo me gustaba mi casa. Vivíamos en un buen barrio de Barcelona. Vecinos adinerados, seguridad en las calles. Un portero muy atento, serenos que nos conocían de toda la vida. Un piso muy amplio y lleno de luz. Sin gérmenes. Sin malos olores ni oscuridad. Tenía un comedor precioso, con aquellos muebles que también encargó Jean en la France. Muebles modernos, funcionales, de líneas sencillas. Y muy caros. Y el salón a la moda, no como en España, que los salones se amueblaban sin gusto. Unos sofás de verdad cómodos. Una chaise longue que era mi favorita. Y cuadros de artistas franceses por la paredes, vistas de París, del Sena, qué se yo lo valiosos que eran. El dormitorio con esa cómoda llena de cajones. Un colchón de verdad, sintético, importado de la France. Y el tocador, cuántas horas me habré pasado entre la toilette y el tocador. Ma chérie Inés, tu passes plus de temps en faisant ta toilette que moi dans le bureau”, decía siempre Jean.

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Antonio

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