Prodigioso azar: residencias
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Las cosas estuvieron así un tiempo hasta que mi madre también tuvo un infarto cerebral y todo se torció. Nos quedó un panorama dantesco, los dos en sillas de ruedas, eran necesarias varias personas para atenderlos, dos chicas de diario, otras dos para los fines de semana, el encargado de levantarlos y acostarlos… Fue una historia complicadísima que duró unos tres meses. No quedó más remedio que buscarles una residencia donde estuvieran los dos correctamente atendidos, lo que no fue fácil. Primero, estuvieron en una residencia en Collbató, pero resultó un desastre, no los lavaban, estaban pésimamente atendidos. Luego, encontramos una en Sabadell, recién inaugurada, que resultó ser estupenda. Y allí fue donde mi padre murió el 29 de octubre de 2000. Evidentemente, y pese a la calidad de la residencia de Sabadell, sacamos de allí a nuestra madre y la trajimos a Barcelona, a la calle Padre Claret, para tenerla más cerca y evitarnos los viajes, pero también fue una mala experiencia. Más tarde la llevamos a Collserola, donde estuvo hasta su muerte en mayo de 2006, a punto de cumplir los noventa años. Mis padres están enterrados en el cementerio de San Andrés, donde había un nicho propiedad de la familia.

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Antonio

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