El bucle: camarote
Bucle-camarote

Otra vez en el camarote. Creo que debería hacer una buena limpieza, pero me da mucha pereza. Muebles atornillados al suelo y a las paredes, cubiertos de objetos. Las fotos que ella me regaló. Ropa tirada, que también necesita una limpieza. Desde el ojo de buey se ven los tinglados del puerto de Alicante, un paisaje familiar. ¿Cuántos años? Me gusta tumbarme sobre mi catre y escuchar el rumor de la maquinaria. Es un latido monótono que viaja a través del metal y llega junto a la almohada, a unos centímetros de mis oídos. Las paredes, los muebles vibran, mi organismo vibra como si formara parte del engranaje. Soy una pieza más del engranaje de este buque. Incluso en sueños percibo el sonido, el buque navega las veinticuatro horas. Otras veces me incorporo y abro el ojo de buey. Una cabeza de carne y hueso aparece sobre el casco. Entonces, el rumor se diluye, se disipa por su insignificancia. Las olas golpean el navío y estallan. Y mis pensamientos se deshacen como gemas de sal.

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Antonio

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