Miedo
miedo

¿Qué otra cosa sino miedo deben sentir los habitantes naturales de este valle ante la incursión de los ruidosos y estrafalarios humanos? Es seguro que las ardillas y las aves, los insectos y las plantas, nos perciben con gran anticipación, ya cuando llegamos a bordo de nuestros arrogantes automóviles y nos extendemos, como una plaga, por las inmediaciones del Parador de Turismo de Bielsa. Entonces, los ruidos provocados, el griterío, la chillona coloración de las prendas de vestir, los olores que vuelan raudos impulsados por el viento, la inquietante visión de los enormes mamíferos en manada colonizando la zona, debe asustar a los moradores de todos los días, que han retirarse a las partes más lejanas y recónditas en espera de que, a la noche, o fuera de las fechas señaladas, la multitud de humanos dejen de importunar. Habría que imaginarse un escenario parecido en las ciudades ante la llegada de una especie fenomenal que nos obligara a nosotros a refugiarnos lejos de su campo de percepción. Pero la capacidad de fabular está, últimamente, muy recortada.

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Antonio

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