Emboscadura
emboscadura

Acercarse a los límites del bosque es habitual, está al alcance de cualquiera, de esos miles de turistas que se acercan en sus automóviles hasta las entradas de los parques naturales y los saturan con su indumentaria de centro comercial. Pero meterse en el bosque de verdad, en su espesura, fuera de los senderos y los caminos, es “emboscarse”, franquear el límite que separa la naturaleza de la cultura, el límite entre el orden humano y el caos de la Naturaleza. Meterse es penetrar un espacio hostil, residencia furtiva de espíritus misteriosos, bestias salvajes y fugitivos de la justicia. Por eso casi nadie lo hace, aunque esa hostilidad forme parte más de la leyenda que de la realidad. El bosque, más de noche que de día, es la región desconocida que envuelve el microcosmos donde habitan el caos, la muerte y la oscuridad. Sentarse sobre un tocón, entonces, es un ejercicio que nos lleva a otra realidad, a la iluminación.

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Antonio

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