La magia del bosque
magia

Según Parecelso, los espíritus de las plantas serían las dríadas, hamadríadas, los silvanos, los faunos; los dusii de San Agustín, las hadas de la Edad Media, los Doire Oigh de los galos, los Grove Maidens de los irlandeses. Paracelso da el nombre de silvestres a los habitantes de los bosques, y ninfas a los de las plantas acuáticas. Son los seres elementales, habitantes del plano astral que aspiran a elevarse hasta la condición humana, dotados de una inteligencia instintiva. Pueden producir curas y visiones sorprendentes. Este mundo astral tiene por nombre para los vegetales Leffas, según Paracelso, y combinado con su fuerza vital constituye el Ens primum, que posee las más altas propiedades curativas. Éste es el objeto de la Palingenesia o renacimiento de los seres, en este caso las plantas. El simbolismo vegetal se halla extensamente expuesto en los libros sagrados: el árbol de la ciencia del bien y del mal y el árbol vivificador del jardín del Edén, en la Biblia; el árbol de Sephiroth de la Kábala; el Aswatta, o higuera sagrada; el Haonna de los mazdeístas; el Zampoun del Tibet; el Iggradsil, el roble de los antiguos Celtas, o Yggdrasil, árbol del mundo del que brotaba la mágica hidromiel de la sabiduría, mencionado en la mitología noruega; el “árbol del mundo” o “árbol de la vida” del folclore siberiano, identificado como un abedul… Es por eso que la admiración por ciertos árboles monumentales, ancianos, de porte magnífico, sería una especie de neopaganismo, pero despojado de supersticiones y excesos, fruto de la observación de hombres que normalmente viven en entornos urbanos.

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Antonio

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