El bucle: carguero
Bucle-carguero

Porque viajo en un carguero que surca el Mediterráneo y el Atlántico, la leve oscilación que provoca el oleaje, el aroma salado del gigantesco ser extendido, las profundidades que hay bajo mis pies y que están habitadas por la voracidad, todo cuanto me rodea me va transformando en un ser submarino, con agallas en el cuello y aletas en lugar de extremidades, escamas en la piel, y palabras como burbujas reventando en la superficie. Es una sensación que ya he experimentado en otras travesías, cuando las aristas de la existencia se van puliendo hasta convertirse en curvas repasadas por la mano húmeda, cuando los acontecimientos de la vida en el buque se cubren de una capa de laxitud y los tripulantes y los oficiales se mueven difícilmente, fuera de su elemento, tentados de lanzarse al mar para seguir a nado hasta el próximo puerto. Si escudriño las caras de mis compañeros, sus gestos, sus andares, me da la impresión que el aire que respiran es otro mar paralelo que sube hacia la estratosfera, hectómetros en vertical de una masa que aplasta, que me fuerza a permanecer tumbado sobre el catre.

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Antonio

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