El bucle: nudos
Bucle-nudos

¿Veinte nudos? Es una velocidad exagerada para un ingenio que se desplaza las veinticuatro horas. Si yo fuera el capitán, ordenaría un avance lento, dibujaría una ruta sobre una corriente oceánica. Pero surcamos las aguas y los motores trabajan sin fisuras, ninguna pausa se percibe. Todo se precipita, la singladura, el recuerdo, y cae en un sumidero sin fondo. Algo debe quedar del rumor de las ocupaciones de los hombres. El exagerado júbilo de la pareja triunfadora del campeonato de mus, que tuvo la suerte de derrotar en la final al capitán y a Andrade. O los gritos de Roberto, arrestado tras agredir a Luisón, que por lo visto le había ofrecido olvidarse de su deuda a cambio de favores sexuales. O la voz de Julio que ni siquiera tras su muerte se ocultará, que perdurará en una decadencia infinita, como una vibración que no se detiene. Demasiado rápido. Dentro de unas horas avistaremos la costa y los demás desembarcarán.

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Antonio

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