El bucle: mar
Bucle-mar

El buque surca las aguas del mar. Hace cuatro horas que ha zarpado del último puerto y la singladura llega a su fin. Por eso los marineros laboran a ritmo pausado, con la inercia de lo que termina, con el optimismo ante la perspectiva de pisar tierra firme. El mar está tranquilo, las olas acarician el casco del buque. Me detengo unos minutos, dejo la brocha en el cubo de pintura y me asoma por la borda. Pienso que los hombres copiamos el humor del mar. Somos animales de sangre caliente que nos recogemos y temblamos bajo la tormenta, que nos explayamos con el anticiclón y la bonanza. En este momento mis compañeros tienen los rasgos relajados, los cabellos mecidos por la brisa. Como yo, que prefiero amoldarme a las maneras universales, no hay otra posibilidad en un buque. Al menos la imaginación nada libre entre heridas y aniquilaciones, mientras escucho la espuma que forma el casco en su avance. Alicante está cerca. Cuando termine la jornada ordenaré mis cosas, las fotos y las cartas de ella, antes de subir otra vez a cubierta para contemplar la vista nocturna de la ciudad.

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Antonio

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