Un día más con vida: autobús
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Al día siguiente, amanecí perfectamente, tanto es así que pensé que había sido un episodio pasajero y sin importancia. Decidí, muy ufano, consultar con mi médico de cabecera y pedirle una analítica, colesterol mediante, para comprobar mi estado general de salud. La mañana, con su zafarrancho de limpieza incluido, pasó sin pena ni gloria. Al mediodía, nos fuimos a comer a casa de unos amigos y en el autobús que nos transportaba otra vez apareció esa maldita opresión en el pecho. Joder, encima en un autobús, que no se puede desviar de la ruta, ni ponerse a pitar de urgencias para transportar a un tipo que se queja del corazón al hospital más cercano. Si hubiera sido un taxi…, pero esta manía nuestra de economizar en transporte lo impidió, ¡con lo bien que se va a los sitios en taxi! Llegada a casa de los amigos, yo más muerto del susto que vivo, cerveza que me tomo sin muchas ganas, comida y charla y vinito, que dicen siempre es bueno para los problemas cardiovasculares…

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Antonio

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