Un día más con vida: urgencias
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Lo cierto es que me vuelvo a sobreponer y la tarde transcurre dentro de cierta normalidad. Despedida, promesa de vernos pronto, y otra vez al autobús. ¡Maldita sea! Esto de los autobuses habrá que estudiarlo detenidamente, quizá tengan alguna incidencia en las cardiopatías. Porque otra vez regresa la opresión en el trayecto de vuelta a casa. Así que se lo cuento a Esther y ella, quitándole hierro al asunto pero, en su fuero interno, asustada y alucinada por su mala suerte este 2011 que tan mal arranca, me dice: “pues nada, ahora mismo nos vamos a Urgencias”. Vale, un taxi nos lleva a urgencias, lo bien que se va en taxi y lo rápido que se llega a los sitios. Me ingresan con la tensión muy alta, me ponen la fantástica pulserica con código de barras, que parece te vayan a cobrar todo el gasto, me hacen el electro, me examinan detenidamente…

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Antonio

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