Reliquias: pan de la Santa Cena
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Más tarde, en ruta otra vez hasta Rothemburgo sobre el Tauber, donde visitamos la iglesia de los Franciscanos, célebre por conservar en su sacristía, como tesoros de incalculable valor que eran, dijera lo que dijera la novicia Juana de Landázuri, un trozo de pan ennegrecido que se decía fue bendecido por Cristo en la última cena y que era una sobra de la misma, y un pelo de la mismísima Virgen María, que a todas nos pareció un verdadero milagro, con lo bonito que era, rubio y sedoso, muy bien conservado. No creo que nadie más se diera cuenta, pero la novicia María de los Ángeles miraba muy extraña esas maravillas, sobre todo el trozo de pan de la Santa Cena, que parecía querer lanzarse a por él para comérselo, que si hubiéramos caído en la cuenta puede que el viaje no se hubiera torcido como a la postre se torció.

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Antonio

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