Reliquias: padre Ludwig
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De Ulm a toda prisa nos fuimos a la abadía benedictina San Martín, en Beuron, que era todo un prodigio de organización y disciplina. En ella habitaban más de 150 religiosos que habían hecho florecer, junto a la observancia regular, las letras y las artes. Nos hizo de guía el padre Ludwig, tan cariñoso él, que siempre se acercaba a nosotras para explicarnos las maravillas que encerraba la abadía, que según nos explicó databa del año 777, aunque fue destruida y reedificada varias veces a lo largo de su historia. El papa Pío IX, nuestro Pío nono, elevó el antiguo monasterio a la categoría actual de abadía en el año de Nuestro Señor de 1868. Y la novicia María de los Ángeles siempre dale que dale junto al padre Ludwig, que habían congeniado a las mil maravillas, pues esa damita tenía algo que atraía especialmente a los hombres, fueran religiosos o no, no sabemos si su olor, o su misma carnalidad, que lo cierto es que el padre Ludwig no le quitaba el ojo de encima para escándalo de las demás. Hasta el mismo conductor parecía celoso de la plática acalorada del cura y la novicia, que en cuanto pudo se subió a su autobús y nos pitó para salir antes de hora con la excusa del largo viaje hasta Meersburgo.

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Antonio

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