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Hace unos meses compré un lote de fotografías del cementerio de Montjuïc de Barcelona. Son 57, pertenecientes a 52 sepulturas diferentes, que alguien tomó, a juzgar por el tipo de emulsión en blanco y negro y por las transformaciones habidas en algunas de las sepulturas, allá por la década de 1960. Han pasado casi 50 años desde entonces. El fotógrafo, del que nada sé, recorrió el cementerio y fotografió los panteones, sepulturas y estatuas que más llamaron su atención. En algunos casos acertó de pleno en su elección, pues se trata de notables monumentos de estilo modernista. En otros, no tanto, los monumentos escogidos no tienen mucho interés artístico. En todo caso, se me ocurrió que podría acabar su trabajo de alguna manera, así que me fui yo también, una soleada y agradable mañana de otoño, a dicho cementerio. Lo recorrí tratando de localizar las sepulturas que había escogido mi antecesor. De las 52, pude encontrar 35. Anoté, entonces, los nombres de las personas que estaban allí enterradas, o al menos los apellidos de las familias, un total de 64. Durante unos días, he buscado referencias de aquellas personas, la mayoría muertas en la primera mitad del siglo XX, en enciclopedias, internet, etc. De todas, he encontrado referencias de algunas, cuyas pequeñas biografías irán apareciendo, junto a la foto de su sepultura, en este blog. Es la memoria efímera de los humanos, tan efímera, un nombre en un registro, una lápida en un cementerio olvidado que nadie visita. Es el olvido completo de las vidas extinguidas, tantas vidas extinguidas.

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Fotografía de la sepultura de Nicolau Juncosa, obra del escultor Antoni Pujol. Para reproducir fielmente los rasgos del Sr. Juncosa en la escultura, Antoni Pujol recurrió a una máscara mortuoria del finado, que debió tomar él mismo instantes después de su fallecimiento. ¿Dónde estará esa máscara, huella directa de la existencia? No he encontrado ninguna referencia de Nicolau Juncosa, ni de las otras personas enterradas junto a él: Antoni Vendrell i Serra, muerto el 23 de abril de 1913; Bonaventura Llauradó i Bernat de Vendrell, muerto el 10 de agosto de 1919; y la niña Regina Brillasi i Juncosa, que falleció el 25 de diciembre de 1922, día de Navidad, a los 16 meses. La sepultura cumple aquí bien su papel de prolongar la memoria de los muertos. El Sr. Juncosa escogió correctamente al escultor modernista, individualizando su tumba, ahora marcada en los recorridos del cementerio de Montjuïc.

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Esta sepultura perteneció a la familia Cebrià Pagés, como se ve en la fotografía. Contiene en el interior las tumbas de Juanita Valls de Pagés, que vivió entre el 15 de mayo de 1872 y el 15 de septiembre de 1907, y de Cebrià Pagés i Pagés, que vivió entre el 12 de abril de 1867 y el 21 de enero de 1923. Tampoco encuentro referencias a estas personas, cuyos únicos datos son el nombre y apellidos y las fechas de nacimiento y muerte. Sin embargo, ahora, en 2009, la tumba ya no les pertenece, pues en la entrada se leen apellidos diferentes, Aguilà Gambús. Seguramente compraron el sepulcro pero todavía no han necesitado ocuparlo y desalojar a los anteriores propietarios. En todo caso, en el BOE del 14 de febrero de 1997 hay un acuerdo del Consejo General del Poder Judicial por el que se aprueba una relación provisional de aspirantes excluidos para tomar parte en las pruebas selectivas para la provisión de 172 plazas de alumnos de la Escuela Judicial y su posterior acceso a la carrera judicial. En dicha relación figura una tal Yvonne Águila Gambús, excluida de la prueba por no haberse recibido su instancia. Quizá esta sepultura aguarde sus restos mortales.

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Sepultura de la familia Trinxet Errando, que contiene los restos mortales de Antonio Trinxet Mas, que vivió entre 1883 y 1945, y de Elvira Errando Ylario, que vivió entre 1886 y 1948. La única referencia que encuentro del matrimonio es una nota necrológica de Elvira Errando Ylario, viuda de Trinxet, publicada en La Vanguardia el día 21 de enero de 1948, que dice así: “Víctima de cruel enfermedad, soportada con entereza y resignación ejemplares, ha fallecido en Barcelona, confortada con los santos sacramentos, doña Elvira Errando Ylario, viuda de don Antonio Trinxet Mas, dama de singulares virtudes que supo en vida, gracias a su bondad, a su simpatía, a su acogedora ternura, granjearse el afecto de todos aquellos que se honraron con su trato o que gozaron de su amistad. La triste nueva ha producido general sentimiento en nuestra ciudad, recibiéndose en la casa mortuoria infinidad de testimonios de condolencia a los que unimos el nuestro de todo corazón acompañando en su pena a la familia de la finada que tan rudo golpe ha recibido.”

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Esta es la fotografía del monumental panteón de un tal Agustín de Yrizar. Nada más pone en la sepultura, simplemente el nombre y el apellido. Sin embargo, encuentro referencias suyas en una tesis doctoral colgada en Internet. Al parecer, el mentado Agustín de Yrizar se enriqueció en Cuba, antes de volver a Barcelona, a la sombra, de uno de los potentados españoles más importantes en la isla, Tomás Terry, empresario del sector del azúcar, dueño de fincas explotadas con mano de obra esclava. A partir de 1869, participó en los negocios de su mentor, además de ser empleado suyo y ganar por ello un sueldo generoso, con un 10% de las ganancias. Por ejemplo, en 1867 recibió el equivalente a 45.000 dólares de entonces. Desde 1877 el porcentaje de sus beneficios en los negocios de Terry que gestionaba aumentó al 20%. A finales de 1880, 30 años después de comenzar su trabajo para Terry, Yrizar regresó a Barcelona, donde pudo vivir gracias a las rentas acumuladas en el negocio del azúcar cubano. Y construirse este panteón que todavía llama la atención del caminante que recorre el cementerio.

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Sepultura de Josep Domingo I Foix, muerto el 14 de noviembre de 1932. Es obra también, como la de Nicolau Juncosa, del escultor Antoni Pujol. Parece ser que el señor Domingo fue un industrial que hizo fortuna en Cuba, algo bastante común en la burguesía catalana del cambio del siglo XIX al XX. Además de él, están enterrados allí: Ramón Domingo Riauban, muerto el 15 de octubre de 1964; Florencia Riauban Soler, muerta el 2 de mayo de 1969; José Domingo Riauban, muerto el 30 de marzo de 1985; Antonia Bassols Oliva, muerta el 16 de agosto de 1969 (encuentro una referencia a un tal José María Bassols y Oliva, que pudo ser por fechas hermano de la finada, en La Vanguardia del 4 de marzo de 1939, en una lista de donativos recibidos en el Gobierno Militar de Barcelona, Oficina de Recaudación sita en el Paseo del General Mola, antes Paseo de Gracia, n.º 17, con destino al Tesoro Nacional. Dona 5 monedas, una pulsera y dos aros de oro y un medallón de oro y diamantes. Dadas las fechas, justo al final de la Guerra Civil y la toma de Barcelona, uno se imagina el motivo de la donación); y Pilar Peruga Llusa, muerta el 18 de enero de 1941 (en internet encuentro una referencia a una tal Rosa Peruga Llusa fallecida el 3 de abril de 1957, quizá su hermana, también relacionada con la razón social José Peruga Llusa, empresario muerto el 9 de febrero de 1972).

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Panteón de los doctores en medicina Bartomeu Robert y Emerencià Roig Bofill, enterrados juntos como buenos compañeros y amigos que fueron. En cuanto a Bartomeu Robert, Doctor Robert, fue un personaje muy conocido en Barcelona. Nació en Méjico el 20 de octubre de 1842 y murió en Barcelona el 10 de abril de 1902. En 1869, fue nombrado médico titular del Hospital de la Santa Creu. Fue concejal de Barcelona de 1884 a 1890 y presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País en 1898. Cooperó en la fundación del Hospital de Sant Pau y auxilió a los afectados por las epidemias de fiebre amarilla en 1870 y de cólera en 1885. Fue alcalde de Barcelona en 1899, cargo desde el que promovió una negativa ciudadana a pagar un impuesto que exigía Madrid. Sus ideas catalanistas le llevaron a presidir la Lliga Regionalista. En la Plaza de Teuán de Barcelona hay un monumento dedicado a su memoria obra de Gaudí y Llimona. En cuanto a Emerencià Roig Bofill, médico también, nació en Santiago de Cuba en 1848 y murió en Barcelona en 1901 a los 53 años. Fue presidente de la Academia de medicina de Barcelona de 1893 a 1896. Junto al Doctor Robert fue autor de un “Tratado de las enfermedades del sistema digestivo”, 1889.

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Sepultura de los consortes José Borràs Julià, capitán de la marina mercante que murió el 27 de julio de 1907, y Francisca Figueras Català, muerta el 25 de enero de 1923 a la edad de 69 años. De ellos no encuentro nada, al parecer no dejaron mucha huella en este mundo. Sin embargo, hay un tercer cadáver enterrado allí, el de José Luis Chorro Solbes, coronel de infantería, que vivió entre el 28 de febrero de 1917 y el 21 de diciembre de 1993, y de él sí que encuentro datos en internet. Durante la Guerra Civil fue alférez del Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat. A comienzos de 1939 participó en la campaña de Cataluña. Es bastante verosímil que se trate de la misma persona, ya que a comienzos de 1939 tendría 21 años.

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Panteón de José Portabella Cots, otro industrial catalán del cambio de siglos. Al parecer, comenzó su actividad con una tienda, en 1861, en la calle Duque de la Victoria, de Barcelona. En 1890 ya tenía una fábrica de hilado de algodón en el Ensanche barcelonés. Encuentro dos referencias suyas en sendas noticias de La Vanguardia, una del 6 de septiembre de 1884: “El Boletín oficial de ayer inserta una copia simple de la escritura pública de emisión de obligaciones otorgada por don José Portabella Cots como director gerente de la sociedad “Sucesora de Fabra y Portabella”; y otra del 20 de julio de 1920: “En la ciudad de Manresa ha sido pedida por el fabricante don José Portabella Cots la mano de la distinguida señorita Encarnación Pons de Solsona para el joven don Ramón Vial Torns. La boda se verificará en breve.”

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Sepultura de Adela Doménech i Serra, viuda de Llinàs. Lleva la siguiente inscripción: “La propietaria de este panteón lo dedica a la memoria de sus padres, Jacinto Félix Doménech y Luisa Serra, a la de los padres políticos de la misma, José Llinàs y Mercedes Massón y a su amado esposo José Llinàs Massón, disponiendo que a su fallecimiento sus restos sean reunidos con los que tan queridos le han sido en este mundo”. De todos ellos, solo encuentro datos de un tal Jacinto Félix Doménech Sastae, que había sido bautizado en Barcelona el 23-11-1802. En la legislatura 1841-42 fue elegido Diputado por Tarragona y en el Gobierno que formó Olózoga en noviembre de 1843 fue nombrado Ministro de la Gobernación. Fue, asimismo, senador vitalicio, nombrado en la legislatura de 1853-1854. Dentro de sus actividades en las Cortes, se hace mención a su intervención en la legislatura de 1848-49, a propósito de la reorganización del Banco Español de San Fernando. En 1853, y en el Gobierno que formó Sartorius, fue designado para ocupar la cartera de Hacienda, en la que estuvo desde el 19 de septiembre de 1853 hasta el 18 de agosto del siguiente año. Consta en el Diario de Sesiones de las Cortes de 1854 que presentó ante el Congreso la liquidación de las cuentas de 1851-52. Políticamente se le calificó en su momento de antiguo progresista. ¿Será el mismo que está enterrado allí?

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Panteón de August Urrutia i Roldàn, uno de los más impresionantes del cementerio, obra del arquitecto Antoni Vila i Palmés y del escultor Martínez Fortuny. Fue erigido entre 1909 y 1911 y su estilo es neoclásico. A pesar de su aparatosidad, de su monumentalidad, ningún dato encuentro del señor Urrutia, ni en internet, ni en las enciclopedias consultadas. Sabemos quién está enterrado en este panteón pero no sabemos nada de él. Un nombre, un conjunto de letras, asociados a una obra arquitectónica y escultórica marcada en los itinerarios artísticos e históricos del cementerio de Montjüic, eso queda de los desvelos de toda una vida, que no es poco si comparamos la fortuna de ese humano con la de otros millones de muertos anónimos.

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Sepultura de Mercedes Casas de Vilanova y de su marido José M. Vilanova, obra del escultor Josep Llimona i Bruguera y del maestro de obras Isidre Reventós i Amiguet. Es de 1903 y de estilo modernista. Y es una sepultura célebre por la escultura de Josep Llimona, “El desconsol”, una de las obras más celebradas del modernismo catalán. Con el tiempo, Llimona desnudaría y aislaría a la joven, conservándose esa escultura en el MNAC. Así que Merceditas Casas de Vilanova es recordada por la escultura que encargó, en buen día, a Llimona, y quizá por la impresión que su belleza dejó en el escultor, que hizo otras obras imaginando su cuerpo desnudo.

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Este es un panteón singular, un tanto recargado, es verdad, en ese estilo neogótico que tanto gustaba a los ricos empresarios catalanes de finales del siglo XIX. Y es singular porque ninguna inscripción nos recuerda quién o quiénes están enterrados allí. No hay cartel que lo indique, quizá porque no se la considera una obra muy afortunada o representativa del arte funerario. No hay nombre esculpido en ningún sitio, ni en las dos enormes sepulturas de piedra ni en ninguna otra parte. Es, entonces, una tumba anónima, a pesar de su aparatosidad, del gasto que supuso en su día, de la intención que se presume en obras de esta clase, que no es otra sino perpetuar la memoria de las personas allí enterradas.

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Sepultura de Manuel Maucci Battistini, que murió el 14 de abril de 1937, obra del arquitecto J. Masdeu y del escultor F. Graell, erigida en 1913 en estilo realista. Lleva la siguiente inscripción: “A la memoria de Manuel Maucci, muerto el 14 abril 1937, E. P. D., tu esposa e hijos que no te olvidan”. Este Maucci nació en Italia en 1859. Fue un editor de prestigio. En 1900 inauguró en Barcelona la Casa Editorial Maucci, con sucursales en Argentina, Méjico y Cuba. Durante las primeras décadas del siglo XX, la Casa Editorial Maucci, publicó numerosas antologías de poesía hispanoamericana que se destinaban principalmente para la venta en las Américas. Se trataba de colecciones nacionales representativas de casi todas las repúblicas hispanoamericanas que se intitulaban “Parnasos.” Representaron al mismo tiempo una reacción frente a la hegemonía cultural expresada en La antología de poetas hispano-americanos (Madrid, 1893-1895) del gran erudito español Marcelino Menéndez Pelayo, obra que fue comisionada para la celebración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América.  A juzgar por el número de ediciones y reediciones vendidas y los centenares de ejemplares que todavía se guardan en las bibliotecas, la influencia ejercida en el público lector por los “parnasos” de Maucci fue considerable.

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Panteón de Mariano Regordosa, del escultor Vives y del arquitecto Miquel Pascual i Tintorer, erigido en 1895. Mariano Regordosa fue un industrial del ramo textil natural de Pont de Vilomara, donde instaló su primera industria. Ligado al desarrollo del textil catalán y a la formación de las primeras sociedades por acciones. En La Vanguardia del día 10 de abril de 1881 viene una referencia a un tal Mariano Regordosa que figura, entre otros muchos, como firmante de una instancia remitida al Ministro de Fomento de la época. En ella se muestra la queja del colectivo por el emplazamiento de la línea de ferrocarril de Barcelona a Tarragona, que afecta a sus propiedades, y se insta a la urgente realización de la obras del ferrocarril por la calle Aragón.

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Celebrado panteón de la familia Vial i Solsona, obra del arquitecto Josep Balet y del escultor Enric Clarasó i Daudí, de 1902. La escultura, denominada “Memento homo”, representa a un hombre que cava la tumba de sus seres queridos, en una cadena que ha de prolongarse indefinidamente cuando otros seres caven la suya. Este panteón ha sufrido bastantes cambios, pues se arrancó el árbol que se aprecia en la fotografía y que da sombra al “memento homo”. Además, se procedió a enlosar toda la superficie de la sepultura, antes cubierta de vegetación. Pero el cambio más notable es el de su propiedad, pues la lápida que cubre los restos mortales de las personas allí enterradas no lleva la inscripción Vial i Solsona, que con toda probabilidad fueron los comitentes del panteón, sino la inscripción de la familia Santacreu Roig, con seguridad los que ahora ocupan el enterramiento. En todo caso, nada encuentro ni de unos ni de otros.

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Panteón de Manuel Malagrida Fontanet, obra del arquitecto Lluis Caen, del escultor Eduard B. Alentorn y de los marmolistas Serra-Figueras. Fue erigido en 1910. Manuel Malagrida Fontanet nació en Olot el 20 de abril de 1864 y murió en Barcelona el 15 de mayo de 1946. Sin embargo, su mausoleo fue erigido en 1910, con bastante antelación. Era un hombre precavido. De él encuentro algunos datos. Hijo de notario, emigró a Barcelona en 1870, a los 16 años, a París en 1887 y a Argentina más tarde. En Argentina fundó la fábrica de “Cigarrillos París”. Convocó un destacado concurso de carteles, que se conservan en el museo de Olot. De vuelta a Barcelona, en 1908, encarga al arquitecto Joaquim Codina el edificio modernista del Paseo de Gracia 27. En 1916 encabeza la renovación urbanística de su ciudad natal Olot, conocida como Ensanche Malagrida.

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Si mueves la barra verás la escultura de Clarasó en dos tiempos distintos

Sepultura de Jaume Brutau, obra del arquitecto Josep Maseu y del escultor Enric Clarasó i Daudí, de 1920. Como la tumba de Merceditas Casas de Vilanova, esta otra es notable por la escultura de Clarasó. El cuerpo femenino y los pliegues de la túnica, y sobre todo esa enigmática sonrisa en el rostro. De Jaume Brutau no encuentro dato alguno, sin embargo también tuvo suerte al encargar su monumento funerario a Clarasó, por lo que, de alguna manera, su nombre ha alcanzado cierta notoriedad, aunque sea ligado al del escultor y su obra.

Poco tiempo después de colgar esta entrada en el blog, recibí un comentario de Pedro Brutau, heredero directo del constructor de la sepultura. Pedí entonces a Pedro que me comentara un poco la historia del panteón familiar y este es el resultado, un correo enviado por él que copio a continuación:

“Me hizo ilusión ver como valoras la figura del panteón familiar. Siempre que lo he visitado ha sido en circunstancias que a nadie agradan.

Antonio, los primeros datos que te pasé son incompletos e incluso equivocados. Te paso información fidedigna ahora.

Te diré que hay cuatro generaciones de Brutau en el Panteón, no tres.

Fue construido por Jaume Brutau Manent en 1920. Su hijo Jaume Brutau Roca (mi abuelo), Jaume Brutau Rubio (mi padre) y Jaume Brutau Basté (hermano) reposan allí. Muchos miembros de esta rama de la familia Brutau están allí.

El ángel tenía a sus pies un cuervo (no una paloma) que desapareció hace años. Era el contraste con la espiritualidad del alma que representa la figura.

Buenaventura Brutau Estop fundó una hilatura en Sabadell. Es el inicio de la industria textil Brutau que durante muchos años fue uno de los líderes de la burguesía industrial textil catalana. Uno de sus hijos (Jaume Brutau Manent) se trasladó a vivir a Barcelona a una torre de la calle Anglí que todavía hoy está en pie. Se hizo construir un panteón que decoró Clarasó con esta escultura. Brutau Manent era amigo personal de Clarasó. Mi madre siempre dice que es más una imagen de vida que de muerte y bien podría estar más en el medio de un jardín que en un panteón.

Pedro Brutau”.

Pero no queda aquí la cosa. Días después recibí este otro comentario:

“Buenos días, me llamo Daniel Piquero Fuster y actualmente tengo 48 años, pero siempre he querido saber sobre la rama de la familia de mi abuela materna. Siempre me han contado cosas de mi abuela, y la verdad es que cuando ella murió yo tenía unos 20 años y tenía trato con ella pero nunca me conto nada. Mi abuela se llamaba: Josefa Brutau Roca y lo que sí sé es que su padre era Jaime Brutau Manent, y que estuvo muy separada de la familia por motivos que no sé.
Agradecería poder saber alguna cosa si alguien de ustedes sabe algo.
Un placer y saludos cordiales.”

A lo que yo contesté:

“Daniel, nada más sé de tu familia de lo que edité en las entradas anteriores. Sin embargo, como sabes, mantuve un breve contacto con Pedro Brutau. Se me ocurre que podría mandarle a Pedro tu correo electrónico y la copia de tu comentario por si quiere ponerse en contacto contigo.”

Y a Pedro le mando este otro correo:

“Pedro, soy otra vez Antonio Cardiel, por el tema del blog y la entrada relacionada con la sepultura de tu familia. Pues bien, he recibido un correo de un tal Daniel Piquero Fuster que me pide datos sobre su abuela Josefa Brutau Roca, te lo reenvío para que juzgues por ti mismo.

La verdad es que uno de los objetos de mi blog, desde el principio, era este de recuperar la memoria de la gente, aunque fuera anónima, y en este suceso del contacto que estoy estableciendo contigo y con Daniel el objeto se ve cumplido.
Me encantaría que me mantuvieras al tanto de tus contactos con Daniel, si es que los tienes, serían de suma importancia para este blog. Es más, me encantaría, si mantienes contactos con él, conoceros personalmente a los dos y charlar un rato.”

Pasan los días y contesta Pedro, tanto a mí como a Daniel:

“Hola Antonio/Daniel.

Por supuesto que intentaré buscar alguna información, pero no será fácil.
De entrada ya entiendo por qué mi tía se llamaba Josefa, como la hermana de su padre. Ya preguntaré y contestaré… Curiosidades de la vida: mi tía María Josefa murió la semana pasada.”

Y Daniel, ese mismo día:

“Hola Pedro/Antonio.

Me ha hecho mucha ilusión recibir tu correo, Pedro. Siento lo de tu tía. Yo he seguido recalando información sobre mi abuela, y he encontrado muchas cosas en la hemeroteca de “La Vanguardia”, de los años 20, 30 y 40.

Ella era cantante de ópera o lírica, no lo sé exactamente, murió el día 6 de octubre de 1982 y en la hemeroteca de “La Vanguardia” del día 10 de octubre del 82 sale su esquela que la pusieron mi madre María y mis tíos Fina y Pedro.

La lástima es que estos tres están fallecidos.

Como dice Antonio, sí que me gustaría conoceros y poder charlar sobre estos temas, pues creo que hay muchas cosas que nosotros no sabemos, y algunas que no sabéis.

Os doy mi nº de teléfono y a ver si pudiésemos ponernos en contacto algún día.

Un saludo muy cordial para vosotros y sobre todo muchas gracias por haber contestado el email.”

Yo, por mi parte, les contesto así:

“Me alegro mucho de que mi web haya servido para poneros en contacto y que podáis hablar de temas del pasado, de vuestra familia común, e intercambiar información al respecto. También me alegra que contéis conmigo en vuestros correos, para mi web es algo importante. Os animo a seguir en esta historia que indaga en el pasado y rinde homenaje a las personas desaparecidas. Si todo progresa bien y a vosotros os parece bien, me gustaría contarlo en mi web más adelante. Y conoceros personalmente.”

Días después Daniel deja un nuevo comentario en el blog, en la entrada de Brutau:

“La verdad es que sí que es bonita la estatua, me gustaría si alguien me puede decir donde está ubicado el panteón en el cementerio de Montjuïc, me lo dijese, pues me gustaría mucho ir a visitarlo.”

Y yo le respondo:

“Lo siento, Daniel, pero a pesar de que visité la tumba el otoño pasado, no recuerdo dónde estaba exactamente. El cementerio de Montjuïc es grande y laberíntico, pero si preguntas en la recepción seguramente te dirán dónde está, al tratarse de una de las sepulturas más celebradas por la estatua de Clarasó.
No sé si vives en Barcelona, por tus teléfonos parece que no, pero si vienes a visitarlo avísame y si puedo te acompañaré.”

Finalmente, me llama Daniel y quedamos para ir juntos al cementerio en busca de la sepultura familiar, momento en el que aprovecho y hago la foto en color de una de las más bellas esculturas del cementerio.

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Panteón de Salvador Bonaplata e hijo, obra del escultor Josep Reynés i Gurguí y del maestro de obras Antoni Serra i Pujals. Es de 1886 y se incardina dentro del llamado eclecticismo. Es una obra de gran tamaño. De Salvador Bonaplata encuentro algunos datos, aunque confusos. Parece ser que fue un industrial catalán perteneciente de una destacada familia y fundador de la empresa “Maquinista terrestre y marítima”, del ramo del metal. Era un convencido antisindicalista y negador de los derechos sindicales de los trabajadores hasta el punto de llevarle a ordenar cierres empresariales como venganza a las huelgas. Hacia 1870 no dudó en llamar al ejército para sofocar una de esas huelgas. La especial configuración del barrio de la Barceloneta, donde se asentaba la industria, diseñado por un ingeniero militar, permitía controlar a las masas colocando piezas de artillería al comienzo de sus estrechas y largas calles.

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Sepultura de Rodrigo Rubert i Laporta, fallecido el 11 de abril de 1939. Es obra del arquitecto Josep Plantada i Artigas y de los marmolistas Serra-Figueras. Se erigió en 1907. Además de Rodrigo Rubert i Laporta, están enterrados: su esposa Ana Sostres Rey, muerta el 16 de abril de 1923; Antonia Gorm Buenaventura, muerta el 21 de febrero de 1902 a los 21 años; y los tres hijos del matrimonio, Santiago Rubert Sostres, muerto el 20 de julio de 1891 a los 18 meses, Dolores Rubert Sostres, muerta el 18 de diciembre de 1897 a los 5 años y Gonzalo Rubert Sostres, muerto el 24 de marzo de 1904 a los 16 años. Vaya destino el de este matrimonio, que vio morir a sus tres hijos sucesivamente, a los 18 meses, 5 y 16 años. Además, la sepultura tiene tres esculturas que les representan. Por otro lado, encuentro sendas esquelas del matrimonio: la de Ana Sostres, que falleció el 16 de abril de 1923, en La Vanguardia del 4 de mayo de 1923; la de Rodrigo Rubert, que falleció en su casa de Tiana el 11 de abril de 1939, en La Vanguardia del 31 de mayo de 1935.

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Sepultura de María Bueno i Cardiel, obra del arquitecto Gabriel Borrell y del escultor Josep Rebarter, erigida en 1911. Tiene la siguiente inscripción: “Sepultura de los restos mortales de María Bueno i Cardiel y de su esposo Joaquín Sacristà”. No tengo noticia de que parientes míos vivieran en la Barcelona de comienzos del siglo XX, pero me llama la atención la coincidencia del apellido. Nada es posible encontrar de estas personas en internet o en enciclopedias, como ocurre con tantas otras sepulturas anónimas, miles de ellas en el cementerio de Montjuïc, millones diseminadas por los cementerios de todo el mundo construidos desde el siglo XIX. Es el destino común de la gente, morir y ocupar la memoria de los suyos por espacio de una o a lo sumo dos generaciones, para acabar completamente olvidada. ¿Quién se acuerda de sus bisabuelos? ¿Quién conserva la memoria de las generaciones anteriores?

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Panteón de Pilar Soler, viuda de Soler, construido en 1894 por el escultor Pau Deulofeu i Palet, en estilo neoegipcio. Es curioso destacar que el término “mausoleo” viene del sepulcro gigante que mandó construir Mausolo, sátrapa de la actual Turquía, en el siglo IV antes de Cristo, una de las 7 maravillas del mundo antiguo. Este panteón es más modesto, pero aún así es de proporciones generosas y tiene forma piramidal. El propósito de la viuda Soler, a quien imagino amante de las ciencias ocultas y espiritista avezada, era sin duda perpetuar su memoria de esta forma grandilocuente. Aunque es una forma bastante parcial de conservarla, pues nadie sabe ahora, más de un siglo después de que la enterraran, qué aspecto tenía, cómo fue su vida, qué intereses le movieron, cuántos hijos tuvo, si fue razonablemente feliz o por el contrario sumamente desdichada, aunque uno se la imagina en todo caso adinerada y rodeada de criadas, algo déspota, con tendencia al mal humor.

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Sepultura de Jaume Puncernau i Pintó, obra del arquitecto Bonaventura Bassegoda y del escultor Rafael Atché, erigida en 1918 y de estilo modernista. Otro entonces vivo y ahora difunto que supo escoger al escultor de su tumba. Sobre la lápida, esta leyenda: “Jaume Puncernau i Pintó nació en Masoteras en 9 de abril de 1839. Murió en La Habana en 17 de abril de 1916. Erigido por orden de Jesús María Barraque y Adue, albacea del finado en cumplimiento de la última voluntad de este”. Quizá el mérito de escoger a Atché no se deba al finado, sino a su albacea. Ninguna referencia encuentro de ninguno de los dos, aunque imagino que ambos debieron ser empresarios catalanes en busca de fortuna en América. Lo cierto es que la memoria de los hombres es limitada, muy limitada, que apenas alcanza, me atrevería a decir, a los hijos si los hubo, y que cualquier esfuerzo por evitar este destino es inútil, incluso en forma de espectacular sepultura.

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Termino este foto-ensayo con el panteón de la familia Bonell, que contiene en su interior las sepulturas de Leonor López Tenreiro de Bonell, nacida en Baracoa, Cuba, el 15 de noviembre de 1868, y muerta en Barcelona el 28 de agosto de 1936, y de Pedro Bonell y Martorell, nacido en Barcelona el 22 de abril de 1859 y muerto también en Barcelona el 8 de diciembre de 1925. Es un ejemplo de cómo el arte funerario más exagerado y rimbombante de nada sirve, al fin y al cabo, para perpetuar la memoria de los seres humanos. Todo lo más, un simple nombre en una lápida que ahora nada nos dice, que de ninguna manera identifica al ser humano que lo usó. Esfuerzos vanos, estos de erigir enterramientos de categoría, tanto mejor sería incinerar los restos mortales de los humanos para cumplir directamente sus destinos, el olvido inmediato, que debería coincidir con el preciso instante de la muerte y el olvido de uno mismo.